Pues sí, ayer por la noche cachondeo en el Jazzman, con los Venga Monjas y el Jonathán Millán, (menudos perlas están hechos). Cada vez nos gustan más los ratos que pasamos con ellos. Casi consiguen que me olvide de la maldita camarera, (una petarda de gran calibre para la que no tengo adjetivos).
Como es rutina, empezamos al puro estilo de Los Pioneros del Siglo XXI. Cada uno con un machete entre los dientes y a degüello. Hasta que la droga de los veteranos, (una selecta combinación de alcohol y guasa), consiguió intoxicarnos lo suficiente como para poder afrontar el regreso de los Venga Monjas a Madrid, (algo que nos duele en lo más profundo, deep inside). Despues de unos chutes de amistad, (y varias copas), ya nos estábamos sacando de la chistera varios conceptos interesantes, (como Intergalactik Night, Zafarrancho Render, o Diarrea en la boca). Todo apuntaba hacia lo más alto, en plan Carretera Perdida, cuando un suceso inoportuno partió la noche en dos, (como era de esperar), por culpa de una mujer. Patricil. La chica al otro lado del teléfono.
Ella quería estar allí, con nosotros, pero no. Insistía, nos empujaba, pero evitaba el roce. Queríamos agregarla, pero no se sumaba, al contrario, le añadia violencia al momento, que ya de por sí era extremo.
Al final, con el compromiso, nos disipamos con educación, y zarpamos cada uno hacia nuestras celdas de castigo. Qué delirio. Nos encanta la noche. Adoramos a los Venga Monjas. Admiramos a Jonathán Millán. Y si no fuera por la (puta) camarera, instalaríamos las oficinas de los Pioneros en el Jazzman. Por supuesto, no te olvidamos Patricil. Casi estuviste. Aunque no lo creas. Por unos instantes fuiste una entrañable amiga. La mejor.





